Piratas y Corsarios

Año 520 a.C en la isla griega de Samos, situada junto al Asia menor, un tirano, Políclates, organizaba una auténtica corte principesca, levanta palacios imponentes, construye un gran puerto, erige uno de los mayores templos de la época, el Heraión, y se rodea de una vida de lujo y esplendor. Su riqueza y poder es tal que permite pagar y traer a los mejores pensadores griegos del momento para aumentar el prestigio de su gobierno.Sus naves dominan las rutas comerciales de la región, obligando el pago de peajes a todo barco que transite por ellas.

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Barco

En 1504 dos galeras fletadas por el Papa transportando mercancias preciosas desde Génova a Civitaveccia son asaltadas por un pequeño barco, capitaneado por Druch, un hombre de origen turco con la barba pelirroja. La captura de las dos imponentes galeras y el robo del botín causan sensación en toda Europa. Quince años después la fama de los hermanos barbarroja estremece a toda la cristiandad. Muerto Druch, el sultán turco nombra a su hermano Jeireddin gobernador de Argel.

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Tesoro

Henry Morgan, al frente de unos 1200 hombres, asalta Panamá, una de las principales capitales del imperio español en América, a pesar de la resistencia que ofrecen los españoles, la ciudad cae, es saqueada e incendiada, y sus habitantes son torturados hasta hacerles revelar donde han escondido sus tesoros.

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¿Qué tienen en común esos tres hombres Polícrates de Samos, Druch Barbarroja y Henry Morgan?. Aparentemente nada, el primero es un tirano de la antigua Grecia, el segundo es un marino aventurero de origen musulmán, el tercero un siglo y medio más tarde que el anterior actúa al frente de un verdadero ejército, muy lejos de la cuenca mediterránea atacando una ciudad importante para apoderarse de sus riquezas y destruirla.En realidad los tres son perfectos representantes de uno de los oficios más viejos de la civilización: el de pirata. Los tres han formado su visión del mundo en el mar y han forjado su destino en el asalto de barcos, puertos y ciudades ribereñas. Los tres han ascendido en la consideración de sus compatriotas consiguiendo sus éxitos mediante la violencia, el robo y el asesinato de sus víctimas.Para sus enemigos son simplemente delincuentes, salteadores, el terror de los mares, una plaga a la que combatir y aniquilar.

Barco

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Nuestra memoria colectiva está repleta de personajes literarios o cine del mundo de la piratería: Jhon Silver el largo, el capitán Blood, Sandokán o el halcón del mar son conocidos gracias a libros y películas y se ha ido forjando una imagen completa del pirata: personaje rudo, fornido, curtido en el mar, vestido descuidadamente o semidesnudo, provisto de arma blanca o mosquetón, mal hablado, hábil en el manejo de las artes marineras y agresivo en el combate del barco enemigo. A partir de esta imagen existen piratas honrados o taimados, sentimentales o despiadados, que actúan libremente o se someten a las directrices de un gobierno. En las historias de piratas casi siempre hay un capitán destacando por sus dotes de mando, astucia, decisión y un comportamiento noble y digno que acaba enamorado de una protagonista bella, protagonizando una imagen atractiva y bella para el espectador o lector.

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Piratas y Corsarios


Esos arquetipos son los que han sido utilizados en novelas y cine para que perdamos la vista de que existieron realmente, y que en algún momento de la historia sus acciones trajeron de cabeza a poderosos imperios, condicionando las grandes decisiones políticas e hipotecando su futuro. El fenómeno de la piratería es mucho menos novelesco y bastante más serio, sin que por ello la imagen tópica a la que estamos acostumbrados se desvanezca del todo. Muchos de los piratas literarios coinciden con los piratas reales, pero también hay que decir que son muchos los que nada tienen que ver con la realidad histórica. En el lenguaje popular se utilizan indistintamente expresiones como pirata, corsario, filibustero o bucanero, pero en la realidad histórica son conceptos distintos.

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Barco

Un pirata es un individuo que se dedica al robo y asalto de barcos o ciudades con intención de lucro particular, actúa de forma indiscriminada, eligiendo sus víctimas de cualquier nación amiga o enemiga. Es por tanto un delincuente que pone en peligro al comercio, que estás proscrito al atentar contra todas las leyes establecidas. Es un ser libre, que no condiciona sus condiciones a criterio moral alguno y carece de respaldo de los poderes políticos constituidos. El corsario por el contrario es un particular que actúa en el mar o en tierra contra los enemigos de su país o aliados, bajo protección de una patente de corso, es decir, bajo la autorización del gobierno, actúa en épocas de guerra y esta sometido al gobierno, por lo que no debe ser tratado como un delincuente sino como un prisionero. Lo dicho no significa que el corsario no obre por ambición particular, pero lo hace respetando los barcos de su país y las órdenes de su gobierno. Mientras que el pirata es independiente y ataca sin discriminación cualquier presa que se cruce por su camino.

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El corsario es un civil, un capitán de barco o un empresario Naval que se mueve dentro de unos márgenes de libertad. Hasta aquí la diferencia parece clara, pero la cosa se complica cuando se producen dos situaciones especiales.En primer lugar puede ser que uno de los países en guerra no acepte la consideración de corsarios de aquellos barcos que han recibido la patente del corso de su enemigo. En esa situación para el país agredido por un barco corsario, de hecho se trata pura y simplemente un delito de piratería, que la de perseguirse y cuyos autores son condenados como ladrones y asesinos.

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El segundo caso es el de aquellos países que dieron patentes fomentaron el corso contra sus enemigos sin previa declaración de guerra, en una situación de enfrentamiento o rivalidad, pero en estado de paz formalmente hablando.

Es el caso de los famosos -perros de mar- los legendarios Drake, Hawins, Cavendish o Raleigd, enviados y protegidos por Isabel I para atacar las posesiones coloniales del imperio español y sus flotas. Mientras que para los españoles Drake era un delincuente, en Inglaterra se convirtió en un heroe nacional, un corsario protegido por la reina que acabó siendo miembro del parlamento.

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En la realidad, la distinción entre pirata, corsario resulta a veces más difícil de realizar, muchos corsarios actuaban por su cuenta, sin patente expresa de su gobierno, pero eran reconocidos si causaban daños a sus enemigos. A menudo cuando cuando se firmaba la paz entre dos países, los corsarios seguían atacando y haciendo presas del antiguo enemigo, convirtiéndose de esa forma en piratas. Los bucaneros y filibusteros aparecen en el siglo XVIII y corresponden a dos variedades concretas del mundo de la piratería. Los bucaneros fueron inicialmente cazadores clandestinos, franceses e ingleses. Eran contrabandistas expulsados por los españoles que se convirtieron en piratas. Los filibusteros fueron unos piratas peculiares de origen inglés e instalados en Jamaica, bien organizados y que constituyeron una especie de sociedad paralela con sus normas y sistema de convivencia propios. Los gobiernos francés e inglés intentaron repetidas veces contratarlos para utilizarlos como un arma de destrucción del comercio colonial español.

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¿Por qué surgió la pirateria o que elementos fueron necesarios para que aparecieran?. En todos los lugares que se ha dado la piratería y el corso hay características semejantes. El primero obviamente es el mar, con sus condiciones de inmensidad, inseguridad, sorpresa y riesgo. No hay que olvidar que los piratas son delincuentes y el mar para ellos es un elemento fundamental para huir de la justicia con barcos de igual capacidad que los de las armadas estatales, más ágiles y rápidos.La mayor parte de los imperios que se enfrentaron con la piratería se vieron desbordados por la enorme extensión de costas que tenían que vigilar para garantizar las rutas comerciales. Hay que precisar además, que se enfrentaban a expertos marinos, muchos de ellos conocían mejor las artes náuticas y de las costas que los pilotos de la armada de turno.

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Barco

No es extraño tampoco que hayan sido en Mediterráneo y el Caribe los mares de la piratería por excelencia. Ambos mares cuentan con costas accidentadas, calas, islas, y puertos seguros y a menudo escondidos para refugiarse. Son mares relativamente pequeños, con los que la corriente podían ser fácilmente conocidas por los capitanes piratas, para sus acciones.Los mismos conocimientos y destrezas eran necesarios en el caso de los corsarios, aunque las bases y los escondrijos no sean tan imprescindibles, ya que cuentan con puertos seguros en sus países de origen.

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Otro elemento esencial para entender el fenómeno de la piratería es la pobreza. Puede que cueste entender como un puñado de hombres se lanzara a la aventura, poniéndose fuera de la ley y sobre todo poniendo su vida en riesgo, tanto por los peligros del mar, tempestades, naufragios... así como la incertidumbre de encontrar una presa o tener que combatir contra fuerzas superiores a las previstas. Pero debemos tener en cuenta que hasta el siglo XVIII, la inmensa mayoría de la población mundial, y desde luego la europea, vivía al borde del hambre. Estudios realizados sobre Francia en el siglo XVIII demuestran que la población campesina, casi la totalidad de la nación, se alimentaba básicamente de pan y en esa situación era en general en Europa o más grave en otros países.

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Las posibilidades de morir por falta de cosechas o enfermedades infecciosas eran altísimas. No existía ningún tipo de asistencia social ni de recurso alternativo, cuando el pan faltaba, la muerte por hambre diezmaba la población.Solo la aventura, la huida representaba por el embarque de un navío rumbo a mares desconocidos, o la busca de un golpe de fortuna, permitían albergar la esperanza de romper con la miseria.

Barco

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Además los piratas y corsarios fueron casi siempre hombres incultos, sin demasiados escrúpulos de conciencia y para quienes eran tan legítimo el comercio legal como el contrabando y la piratería, de lo que se trataba era de evitar el hambre. De hecho muchos de ellos eran delincuentes ya en tierra y su incorporación a la tripulación de un buque era para huir más lejos.

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Piratas y Corsarios

Tanto en la antigua Roma, como en los siglos de la época moderna, hubo muchos prófugos de la justicia o esclavos que elegían unirse a la piratería cuando los barcos que viajaban como prisioneros eran atacados por piratas.Pero si la pobreza es necesaria para que surgan los piratas, también es necesaria la riqueza. No es una paradoja, los piratas y corsarios proceden de sociedades sin recursos, buscando una alternativa en el mar donde abundan los buenos materiales en torno a los grandes imperios marítimos y coloniales, en costas donde existen riquezas suficientes, bien autóctonas o bien traídas de tierras lejanas.

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Barco

Los principales objetivos de piratas y corsarios eran los barcos mercantes, que en la antigüedad o la época moderna llevaban mercancías de lujo. Esta evidencia la encontramos en tiempos del imperio romano, en el Mediterráneo de la época de Carlos V o en el Caribe del siglo XVII: zonas de alta densidad de tráfico mercantil. Lo mismo cabe decir de objetivos en tierra: grandes puertos comerciales, plazas en las que se almacenaban las mercaderías. Además del medio, el mar; del incentivo la pobreza y el objetivo la riqueza. Otros elementos al surgimiento de la actividad pirata o corsaria, entre ellos figura en ocasiones, la paz. Marinos acostumbrados al combate, habituados a la vida del mar, rehusaban abandonar la lucha cuando dos países o imperios dejaban de enfrentarse y firmaban la paz. Esto ocurrió muchas veces en la época moderna europea.

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Les ocurriría los mismo que a los guerrilleros de nuestro mundo contemporáneo, a quienes les cuesta adaptarse a la vida civil, y en muchos casos prefieren seguir el combate. Otro fenómeno que influyó fue la religión, en realidad en fanatismo religioso. Por definición el marinero siempre ha sido un hombre de fe profunda, rayana a veces a la superstición, debido a la precariedad, la inseguridad y el riesgo que suponía navegar mar adentro. Esta fe profunda dio lugar a momentos en que doctrinas o creencias entraban en colisión durante las guerras de religión en el siglo XVI en el Atlántico, como justificación un buen botín, moralmente sintiéndose bien en posesión de la buena fe, y por tanto bajo la protección divina.

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Por último hay que señalar que en la actividad tanto de corsarios como de piratas intervinieron casi siempre intereses políticos, a veces, explícitos, como en el corso, impulsados por los gobiernos para causar pérdidas al enemigo, como ocurrió con el apoyo y el intento de control por parte de Francia o de Inglaterra de los piratas del mar Caribe en el siglo XVII para dirigirlos contra el comercio español. En otras ocasiones se utilizó la piratería y se la protegió porque sus acciones beneficiaban a un poder determinado, como ocurrió con los barberiscos por parte del sultán turco.